Cardenal Ricardo Ezzati: “Estamos llamados a proclamar un tiempo nuevo”
 


30 de Julio, 2016
En este año jubilar de la Misericordia, los obispos chilenos -al igual que lo han hecho las comunidades a lo largo del país- quisieron pasar por la Puerta Santa, como invitó el papa Francisco a los católicos del mundo entero. La escogida para esta oportunidad fue la del santuario mariano de la Virgen de Lo Vásquez, en la diócesis de Valparaíso.

La eucaristía contó con la presencia de 28 obispos en ejercicio, siete obispos eméritos, el Secretario de la Nunciatura Apostólica en Chile, el rector del Santuario de Lo Vásquez, varios sacerdotes, diáconos permanentes, religiosas, religiosos y numerosos laicos y laicas procedentes de la diócesis de Valparaíso y jurisdicciones vecinas. Entre estos últimos se contaban delegaciones de colegios, movimientos apostólicos y organizaciones que promueven y defienden la vida humana.

Fue un momento de encuentro fraterno en que los obispos agradecieron por su ministerio, ofrecieron los gozos y esperanzas del país y de la Iglesia, y pidieron al Señor por Chile y sus habitantes, por la defensa y promoción de la vida y la dignidad humana, por las familias y por la justicia social.

A las 11:30 en punto, los obispos -sin estar revestidos- iniciaron la peregrinación al templo. Al llegar se detuvieron en la Puerta Santa, donde en medio de la asamblea se persignaron con agua bendita, ofrecida por una representante de las comunidades pro vida, para recordar su bautismo. 

Traspasada la Puerta, representantes de la Pastoral Social Caritas los invitaron a besar un crucifijo, como signo de renovación de su seguimiento a Cristo. El símbolo siguiente a cargo de dos representantes de los trabajadores de la Conferencia Episcopal de Chile, fue besar el Evangeliario, recordándoles su misión de anunciar la Palabra de Dios y hacerla vida. 

Ya en el presbiterio y guiados por el arzobispo emérito de Santiago, Cardenal Francisco Javier Errázuriz, representando a los obispos eméritos, los Pastores renovaron su profesión de fe. 

En todos estos signos los obispos fueron acompañados por los cantos y la oración de la asamblea, que llegando de las diócesis más cercanas, llenó el templo. Colegios, movimientos, adultos mayores y varias organizaciones pro vida, aceptaron la invitación de los pastores y siguieron la eucaristía participando activamente. 

Una vez revestidos, los obispos entraron en procesión desde la puerta del Templo, mientras el coro de la Catedral de la diócesis de Melipilla entonaba las Letanías de los Santos. El don de la misericordia fue el que dio el sentido a cada uno de los momentos de la eucaristía. 

Llamados a proclamar un tiempo nuevo

En su homilía, el arzobispo de Santiago y presidente de la Conferencia Episcopal de Chile, Cardenal Ricardo Ezzati, se refirió a la importancia de este jubileo de los Obispos, y lo valioso que es que los pastores estén acompañados en este momento, y siempre, por los fieles: “Hemos peregrinado hasta Lo Vásquez para encontrarnos con Jesús, buscando el corazón, la misericordia, la ternura de nuestro Padre que se manifiesta en la ternura de María”. 

En el año de la misericordia estamos llamados a proclamar un tiempo nuevo, enfatizó el pastor, un tiempo en el cual queremos vivir en la atmosfera del amor y la misericordia de Dios como recuerda san Pablo. 

El Cardenal Ezzati explicó que Jesucristo es el buen samaritano, que ve a los Obispos muchas veces al borde del camino heridos por sus pecados, por sus fragilidades, pero el Hijo de Dios no es alguien que pasa de largo, es el hijo de la misericordia del Padre, la encarnación de su misericordia, que se detiene, que se hace hombre semejante a nosotros, muriendo en la cruz para que podamos iniciar un proceso de liberación, de gracia que transforme nuestra fragilidad en el gozo de ser hijos de la misericordia del Padre. 

Sobre los Obispos, el presidente de la Conferencia Episcopal, enfatizó: “El año de la misericordia nos invita a nosotros los obispos, a vivir sintiéndonos liberados por el amor del Señor, que nos ha escogido para ser apóstoles de su hijo, anunciadores y embajadores de misericordia, aquellos que en virtud de la ordenación sacerdotal y episcopal, estamos llamados a ser signos sacramentales de la misericordia del Señor. A los Obispos este año nos invita a vivir dos actitudes: experiencia de ser rostro de Dios y experiencia de sentirse recogidos al borde del camino por el buen samaritano”.

Con esta eucaristía, los obispos de la CECh concluyeron un Seminario de reflexión, realizado durante la semana en la casa de retiros de Punta de Tralca, y en el que analizaron la corresponsabilidad de obispos y presbíteros en el cuidado de su ministerio.

Fuente: Prensa CECh


Lo Vásquez, 29/07/2016



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