De la desconfianza al #reencuentro
 


13 de Mayo, 2016
El Comité Permanente de la Conferencia Episcopal de Chile invitó a asumir el desafío de un reencuentro nacional político, social y fraterno, para superar las desconfianzas y remover los obstáculos en la convivencia. Al mismo tiempo, criticó el centralismo santiaguino como un grave escollo para el desarrollo social.
En una declaración pública que dio a conocer el secretario general de la Conferencia Episcopal, mons. Cristián Contreras Villarroel, obispo de Melipilla, los obispos del Comité Permanente expresan que Chile posee "los valores y talentos para construir una tierra de hermanos donde podamos vivir tranquilos y prosperar, valorando nuestras diferencias y reconociéndonos como hijos de una misma historia que requiere ser sanada en la justicia para dar abundantes frutos de paz". 

Desde una mirada esperanzadora del “alma de Chile”, los pastores consideran esencial retomar un diálogo ciudadano amplio y generoso, buscando más lo que nos une que lo que nos separa, "diálogo puente que supere los obstáculos de nuestra actual convivencia".

Superar las desconfianzas

Los obispos advierten que el país vive una profunda desconfianza y falta de credibilidad hacia autoridades e instituciones, "heridas por nuestras inconsecuencias, por faltas de transparencia y hasta por delitos cometidos por sus miembros. Existe desconfianza en la palabra que damos, en la capacidad de honrar nuestros compromisos. Vivimos en desconfianza porque hemos endiosado el dinero y este verdadero ídolo aparece sonriente en la mayoría de los conflictos vigentes".

Conflictos en Chiloé y Araucanía

El Comité Permanente del Episcopado sostiene que el conflicto de Chiloé y bordes costeros de la Región de Los Lagos solo se solucionará "por la vía del diálogo constante, realista y razonable, a través de mesas de trabajo permanentes entre las autoridades, los dirigentes de trabajadores del mar, los empresarios, los científicos, con el fin de buscar acuerdos, evitar las medidas de fuerza, tomar prevenciones ecológicas en el plano productivo, así como potenciar los recursos y ámbito de decisiones de las autoridades regionales" Expresaron,a demás, su apoyo y cercanía a las familias que viven del mar, y su solidaridad con los pastores y comunidades cristianas que han acudido en ayuda de los damnificados por esta situación.

Afirman, al mismo tiempo, que "nadie puede ignorar el conflicto de la zona de La Araucanía, donde las legítimas demandas de justicia por parte de sectores del pueblo mapuche, resultan invisibilizadas por el actuar de diversas facciones que, lejos de contribuir a la paz, han acrecentado las tensiones". Reiteran que son diversos los actores llamados a ayudar a la solución de este conflicto y que "en medio de este drama y esta herida social, como Iglesia estamos siempre disponibles para, respetando la identidad y cultura de los pueblos originarios, ser facilitadores del diálogo, servidores de la justicia y constructores de paz".

Centralismo santiaguino, un grave escollo

Añaden los obispos: "En ambos casos, vuelve a penar el centralismo santiaguino en desmedro de las regiones. Todo tiene que terminar resolviéndolo la autoridad central, con lo cual queda claro el estrecho margen de maniobra que tiene la autoridad regional. Este escollo es grave. Para superarlo no se necesita esperar el día en que tengamos una nueva Constitución. Hay decisiones políticas y económicas a las cuales se puede dar prioridad en el Gobierno y el Congreso de la República, en vez de llenarse de un sinfín de proyectos secundarios. Al decir secundarios, no nos referimos ni a la Educación ni a la Ley Laboral, proyectos absolutamente relevantes. Pero nuevamente la “mirada corta” y la desconfianza también afectan estos temas tan trascendentales, poniendo nuevamente en tela de juicio a las instituciones como el Tribunal Constitucional, invocado por unos y otros, esperando fallos en su favor y criticándolo cuando estos no se logran".

Los obispos advierten sobre el peligros de la judicialización de la vida del país y cuestionan la “mirada corta” para abordar problemas políticos, económicos y de corrupción-

Un llamado al encuentro

Los obispos plantean que la desconfianza se supera en gran medida "al vernos las caras, mejor aún, en el encuentro personal que es la base y red anterior a las redes sociales o los medios de comunicación social. La desconfianza se supera al poner rostros a nuestras discusiones y humanizar las cifras y mediciones. En esta materia tienen también un rol decisivo los medios públicos de comunicación". 

Otra forma de superar la desconfianza que los obispos proponen es abriendo espacios de diálogo entre diversas generaciones, "comenzando por la familia y la escuela, con una gran dosis de escucha, por parte de los mayores, disponibles para cambiar nuestras formas de ejercer autoridad y de solucionar los problemas". 

Finalmente, invitan a superar toda tentación de individualismo, de indiferentismo, de desconfianza y a buscar el bien común de todos los ciudadanos. Recordando a san Juan Pablo II, recuerdan que “Chile tiene vocación de entendimiento y no de enfrentamiento. Con disposición Chile pudo superar, desde estos valores, momentos mucho más difíciles y aciagos. También hoy podemos apostar a un cambio de rumbo. Que no nos venza la desesperanza".

En vísperas de Pentecostés, concluyen invocando al Espíritu Santo, que es "principio de unidad en la diversidad de dones y talentos concedidos por Dios, y es impulso misionero y solidario para llevar el amor de Cristo hasta las periferias de nuestra sociedad". 


- Ver texto completo de la Declaración

Fuente: Prensa CECh



Santiago, 13/05/2016


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