Cristo me ha enviado a evangelizar a los pobres
 


29 de Enero, 2016
Hoy celebramos el centenario del nacimiento de Mons. Enrique Alvear, Obispo de San Felipe entre los aņos 1965 a 1974.

“Cristo me ha enviado a evangelizar a los pobres”, fue el lema episcopal elegido por Don Enrique,  el día de su Consagración Episcopal el 21 de abril de 1963, pronunció una breve homilía, en la que explica el contenido de su lema. Es su proyecto pastoral, en el que asume proféticamente. Esta homilía se encuentra publicada en el libro “Palabras de Vida” editado en Santiago, mayo de 1988, por la Fundación Obispo Enrique Alvear.

 

Cristo me ha enviado a evangelizar a los pobres

De cada tres hombres que hay en el mundo, dos se duermen con hambre. Es el lenguaje que habla la estadística. El hambre, la miseria, el abandono de los pobres; he ahí el gran pecado de la humanidad de hoy.

Es un pecado que clama al cielo. Son los abandonados de los hombres; pero son los predilectos de Dios.  A ellos, a los pobres, él les prometió su gracia.

A ellos les dijo que serán felices. Y Cristo fue enviado especialmente para ellos.  Para  evangelizarlos. Para comunicarles la Buena Noticia: El Padre los quiere.  Los prefiere.

Pero ellos preguntan: ¿Y dónde está Cristo?, ¿quién nos salvará?, ¿quién nos ama?

Hay un hombre, escogido por Dios de entre los hombres, enviado por Dios a los hombres: igual que Cristo.  Para salvar a los que anhelan salvación.  Para amar a los que más necesitan ser amados.  Para evangelizar.  Para darles, a los pobres, la Buena Noticia.

En él está Cristo.  Él está lleno del mismo Espíritu que animó a Cristo.

Cuando los pobres, en los campos y ciudades de Palestina andaban errantes, como hijos sin padres, Jesús se llenaba de compasión y se ponía a enseñarles, largas horas.  Cuando los veía con hambre, multiplicaba el pan, visitaba –a uno por uno, les imponía las manos, les devolvía la salud, les devolvía la fe, la alegría de vivir.  Cuando pecaban, Él sabía comprenderlos- los respetaba, los levantaba.  Y muere por ellos, para que resuciten con Él y le hagan compañía, junto al Padre, eternamente.

Maestro, Pastor, Sacerdote y Víctima: Padre que ama.  Eso es Cristo y eso es el Obispo.

El Cristo que vive, hoy y aquí, en medio de los hombres.

El Cristo enviado para Evangelizar a los Pobres”.

(Libro Palabras de Vida, pág.13 - 14).

 

Biografía breve

 Nuestro Padre Obispo, don Enrique Alvear Urrutia, nació en Cauquenes de Maule el 29 de enero de 1916 y se ordenó sacerdote el 19 de septiembre de 1941.  Hombre de profunda oración, fue formador y padre espiritual en el Seminario de Santiago y profesor de Teología Espiritual en la Facultad de Teología de la Universidad Católica en los años 1940 y 1950.  Su inquietud misionera y su amor a los pobres lo llevó a iniciar Comunidades Cristianas en barrios de la periferia de Santiago, junto con los seminaristas.  En 1961 es nombrado Vicario General de Santiago, con el especial encargo de pastorear los sectores populares de la Arquidiócesis.  Desde ese servicio dirige la primera Misión General de Santiago (1963), con un novedoso estilo marcado por el Concilio que impactó el modo de hacer pastoral en la Arquidiócesis.

El 21 de abril de 1963 es consagrado Obispo en la basílica de Nuestra Señora de Lourdes y elige como lema “El Señor me envió a evangelizar a los pobres”.  Ejerció su ministerio episcopal como Auxiliar de Talca (1963-1965), como Obispo de San Felipe (1965-1974) y luego como Auxiliar de Santiago (1974-1982).

Sus hermanos obispos lo eligieron para ocupar puestos claves en los organismos creados para impulsar la renovación de la Iglesia Chilena a partir de los documentos del Concilio Vaticano II.

Su preocupación permanente fue poner el Evangelio en el corazón de los hechos cambiantes de la historia, desde un amor preferencial por los pobres: los obreros, los campesinos, los pobladores, los cesantes, las víctimas de las violaciones de los derechos humanos, sin descuidar la atención y la visita a las personas, cualesquiera fuera su condición social.

El 29 de abril de 1982 siendo Vicario Episcopal de la Zona Oeste de la Arquidiócesis de Santiago, celebra su pascua, rodeado del dolor y del cariño de su querido pueblo.  Hoy sus restos descansan en la Parroquia San Luis Beltrán, San Pablo 8971, Pudahuel Sur, Santiago.

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