Misa de la Luz celebró comunidad de El Almendral en Cementerio de San Felipe
 


05 de Noviembre, 2015
Nuestros seres queridos que ya partieron, esperan que oremos por ellos. Necesitan nuestra oración de imploración, para que el Señor derrame sobre ellos su Misericordia.

Hace ya algunos años que, como Parroquia San Antonio de Padua de El Almendral, iniciamos la costumbre de celebrar en el atrio del Cementerio Municipal de San Felipe, a las 21 hrs. la MISA DE LA LUZ. 

Esta vez toda nuestra Comunidad Parroquial se puso al servicio con gran espíritu de misión, desde las 3 de la tarde. 

Los jóvenes entregaron su alegría y generosidad, acercándose como discípulos-misioneros a las familias que llegaban a adornar las sepulturas de sus seres queridos.  Les acompañaban, les ayudaban y les invitan a rezar juntos. Después se colocaron en la puerta del Cementerio, ofreciendo las velitas que el sacerdote bendeciría y encendería después en el Cirio Pascual al final de la Eucaristía, para que las llevaran hasta la sepultura familiar y las dejaran allí encendidas. 

El Coro de la “Familia Gallegos Ahumada” creó una importante atmósfera de recogimiento con sus hermosas canciones un tiempo antes de la Misa, luego durante el rezo del Rosario, y en la misma Eucaristía. 

Se creó un ambiente de oración y mucho silencio, que nos acompañó durante toda la ceremonia. 

El atrio del Cementerio se fue llenando más y más, A pesar de haber conseguido dos graderías de la I. Municipalidad y haber llevado más de doscientas sillas de nuestro Templo Parroquial, todos los asientos se hicieron poco y quedó mucha gente de pie.  Sin embargo, nadie se quejó por eso. Dentro de una atmósfera muy positiva, de alegría y recogimiento, pudimos celebrar la Misa.

 En la Homilía nuestro Párroco nos habló del examen que el Señor nos hará a todos nosotros, cuando lleguemos a Su presencia… Tuve hambre y ¿me diste de comer?  Tuve sed y ¿me diste de beber? Estuve desnudo y ¿me vestiste? Enfermo y en la cárcel y ¿me visitaste? 

Finalmente vino la Procesión de Luces.  Era un mar de gente que, en familia y movidos por la fe, se trasladaban con sus luciecitas encendidas hasta las sepulturas de sus seres queridos llevándoles su cariño y la Luz de Cristo. Y el Cementerio, poco a poco, quedó transformado en un mar de pequeñas luces que indicaban una comunión entre el cielo y la tierra, una comunión viva de fe y de amor.

 

Fuente: Parroquia de El Almendral 

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