Padre Félix Arévalo celebró 60 años de Sacerdocio
 


30 de Septiembre, 2015
En una santa misa la comunidad de San Felipe acompañó al Padre Félix Arévalo quién el sábado 26 de septiembre celebró sus 60 años de sacerdote. En una eucaristía presidida por Mons. Cristián Contreras OdeM, Obispo de la Diócesis de San Felipe, concelebra junto al padre Mario Garfias, sacerdote diocesano de Santiago, y los pbros. Francisco Plaza, Vicente Montenegro y Omar Orellana de nuestra diócesis.

El lugar escogido para esta celebración fue la capilla del Colegio Vedruna, por cuanto tiene especial significación en la vida del Padre Arévalo porque en este templo el 24 de septiembre de 1955 fue ordenado sacerdote por monseñor Bernardino Berríos Gainza obispo de la época.  

 En esta eucaristía un numeroso grupo de laicos acompañaron al Padre Arévalo y destacaron la importante labor pastoral realizada en la nuestra diócesis, en diferentes ámbitos, especialmente ligados a la formación de laicos donde  cumplió un especial compromiso siendo Director del departamento de Evangelización y Catequesis.

 

BIOGRAFÍA

 PBRO. FELIX AREVALO VARGAS

(60 años de aniv. Sacerdotal, 24 de Sept. 2015)

 

Nació en la comuna de las Hijuelas, provincia de Quillota, V Región, el 25 de Noviembre del año 1929.  Sus Padres don Robustiano  Arévalo y doña María Vargas, formaron una hermosa familia sólida en valores cristianos y humanos que supieron integrar en él, desde muy temprana edad el amor al Señor y a la Santísima Virgen.  Dios ha bendecido a esta familia de un modo particular regalándoles un sacerdote y dos religiosas, su hermana Carmen Arévalo que el 24 de septiembre recién pasado cumplió 55 años de vida religiosa y su sobrina Patricia Olivares. Religiosa de la Congregación Divina Pastora.

Hizo sus estudios básicos en LLay LLay y la enseñanza media en el Instituto Abdón Cifuentes y en el Liceo de hombres de San Felipe.

Participó en la juventud estudiantil católica asesorada por el Padre José Miguel Parra quien lo puso en contacto con el Padre Alberto Hurtado.  Esto lo motivó profundamente y lo llevó a descubrir su vocación al sacerdocio.  En 1947 a la edad de 18 años ingresó al Seminario Pontificio de Santiago donde estudió Filosofía y seguidamente Teología en la Universidad Católica.

Fue ordenado sacerdote por monseñor Bernardino Berríos, el 24 de Septiembre de 1955 en esta Capilla de las Religiosas Carmelitas, de San Felipe.

Su ministerio sacerdotal lo inició en el Seminario Diocesano de San Felipe y como Capellán del Hospital San Camilo.

Fue Vicario Parroquial en las parroquias de Papudo y Putaendo.

En el año 1967 fue nombrado Inspector General del Instituto Abdón Cifuentes, su antiguo Colegio, asumiendo como profesor de religión, castellano y filosofía.

Los Obispos Ramón Munita, Enrique Alvear, Francisco de Borja Valenzuela Ríos y Manuel Camilo Vial lo tuvieron como colaborador muy cercano.  Monseñor Munita lo tuvo como secretario particular, monseñor Alvear lo nombró Párroco de la Catedral de San Felipe y Administrador Parroquial de la Parroquia Espíritu Santo.  El mismo obispo lo envió a estudiar Teología al Instituto Teológico Pastoral del CELAM con sede en Quito-Ecuador y Catequesis al Instituto de Catequesis Latinoamericano. Monseñor Valenzuela lo envió a Medellín, Colombia, a estudiar el Documento de Puebla de la Conferencia Latinoamericano para darlo a conocer en la Diócesis de San Felipe.

Posteriormente lo nombró Vicario Episcopal de San Felipe y Los Andes y, finalmente Vicario General de la Diócesis, cargo que fue confirmado por el obispo sucesor Mons. Manuel Camilo Vial.

Monseñor Valenzuela lo nombró Director del departamento de Evangelización y Catequesis cargo que desempeñó con mucho agrado por varios años.  Con el patrocinio del mismo Obispo, el Padre Félix formó el Instituto de Formación Cristiana de Aconcagua IFCA, que integrado por profesores, sacerdotes y laicos ha capacitado a centenares de agentes pastorales en toda la Diócesis.

Formó un equipo de Comunicaciones con el Padre Arnoldo Torres y laicos Rolando Stevenson, Francisco Lemaitre y Norma Rodríguez, que dio origen al Revista COMUNIÓN, boletín diocesano, que ha sido un instrumento de gran importancia en el trabajo pastoral.

En 1986, al tener un año de descanso de trabajo pastoral, se dirigió a España estudiar Teología Renovada en la Universidad de Comillas en Madrid, regresando después a Bogotá donde estuvo realizando un hermoso trabajo pastoral, en un importante colegio de las Hermanas Dominicas de la Presentación.

Siendo Asesor de pastoral juvenil, organizó durante varios años campamentos de formación.  Muchos de estos jóvenes se han destacado después en la vida profesional, en la acción social y en la política.

Durante el tiempo de este vasto trabajo de evangelización y formación de laicos, contó con la valiosa colaboración de las hermanas, Religiosas Dominicas de la Presentación y las Hermanas de Notre Dame, incorporadas por él, al trabajo diocesano.

En este amplio quehacer pastoral, el Padre Félix impone su estilo propio de trabajo, que le hace merecedor, de un justo reconocimiento y cariño, mostrando su celo apostólico, disciplina personal, austeridad y sencillez.

En 1992 se trasladó a Valparaíso y monseñor Francisco de Borja Valenzuela, que lo había tenido de Vicario en San Felipe, lo nombró Administrador Parroquial de la Parroquia de los Doce Apóstoles.  Allí le tocó reorganizar la pastoral y restaurar parte de la estructura del templo y la casa.

En 1996, por razones de salud, se trasladó a la Diócesis de Rancagua y monseñor Javier Prado, que lo había conocido en Valparaíso, lo destinó a la Parroquia de Santa Cruz de Colchagua.  En esta ciudad, se mostró fiel y celoso en materias de su quehacer pastoral, evidenciando el profundo contenido de su lema sacerdotal: “Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la Verdad” (1 Tim. 2,4)

Su preocupación personal en materia de formación de los diversos agentes pastorales en particular y de toda la feligresía, de los distintos sectores y comunidades de parroquia, a los que ha brindado especial atención en general, la educación y celebración litúrgica de la comunidad y los variados cursos para lacos son una muestra del lema impreso en su corazón.

Así, el Padre Félix, poco a poco y en virtud de sus condiciones personales y la entrega infatigable del mensaje del Evangelio se ha insertado en cada comunidad ganándose el cariño y reconocimiento de quiénes van al encuentro de Jesús junto con él.

Finalmente, las Municipalidades de San Felipe y de Santa Cruz le reconocieron y distinguieron sucesivamente como ciudadano Ilustre por sus servicios a las respectivas comunidades.

Concluido el trabajo pastoral en Santa Cruz, regresó a la Diócesis de Valparaíso a la ciudad de Quilpué, asumiendo un trabajo de colaboración pastoral en la Parroquia de Nuestra Señora del Rosario e integrando además, el equipo de profesores en la Escuela de Diáconos de la Diócesis de Valparaíso.

 

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