Iglesia de Aconcagua celebra tradicional Te Deum en la Catedral de San Felipe
 


18 de Septiembre, 2015
Mons. Cristián Contreras Molina O.deM. realizó un llamado a descubrir que desde el corazón del evangelio, surge un clamor: La dignidad humana es la piedra fundante de toda convivencia y el pilar básico de toda democracia.

Este 18 de septiembre se celebró un nuevo Te Deum por el aniversario de nuestra patria que contó con la presencia de autoridades de las provincias de San Felipe y Los Andes, el Gobernador Eduardo León Lazcano y la Gobernadora María Victoria Rodríguez además de los alcaldes Patricio Freire de San Felipe, Pedro Caballería Díaz de Rinconada y Claudio Zurita de Santa María, además autoridades y un destacamento del Regimiento Reforzado N°3 Yungay con asiento en la ciudad de Los Andes, Carabineros, concejales y representantes de las distintas agrupaciones sociales de la comuna.

El Pastor Diocesano solicito un minuto de silencio por las víctimas del terremoto ocurrido en nuestro país el día 16 de septiembre. Al comenzar su homilía expresó  “Chile, nuestra patria querida,  mira hacia el cielo para dar gracias a Dios. Es el sentir de un pueblo libre y soberano que se enorgullece de sus nobles tradiciones. Es la familia chilena la que vibra  en todos los rincones de esta tierra  al son del himno nacional mientras mira la blanca cordillera que se prolonga en ese cielo azul que nos invita a soñar con la eternidad”.

El cultivo de los valores patrios, los sentimientos de gratuidad y sencillez sin esconder el sentido  del desprendimiento y entrega en la construcción de una sociedad más humana, más equitativa y solidaria” señaló Mons. Cristián Contreras.

Nos duele el hacinamiento en que viven   los presos, hacinamiento indigno que imposibilita  su  rehabilitación

Más adelante hizo una profunda reflexión sobre la Reforma Procesal Penal “terminó con miles de juicios que permanecían encarpetados por años, mientras los más pobres esperaban su condena en la miseria de una celda. Nos duele el hacinamiento en que viven   los presos, hacinamiento indigno que imposibilita  su  rehabilitación y reinserción social. Junto con esta queja, comparto con Uds. la  común preocupación por la delincuencia que por estos días se hace sentir con una inusitada violencia y estrategias o métodos cada día más sofisticados”.

La iglesia cree   en la libertad de enseñanza y  en el Proyecto Educativo del colegio

La Iglesia que cree  en la dignidad de todo  ser humano, no  puede avalar el lucro en la educación, ni menos discriminar por condición social, económica o racial. La iglesia cree   en la libertad de enseñanza y  en el Proyecto Educativo del colegio,  en una formación que contemple una visión  trascendente  de la existencia y en la libertad de los padres para elegir el colegio donde educar  a sus hijos. Quien diga que la educación en Chile  está estancada, obedece según mi   opinión,  a parámetros ideologizados

Un niño engendrado en el vientre de la madre es una vida humana

Un niño que presenta problemas en su gestación, además de las maravillas que hoy día hace la medicina, es una persona única que trae una misión particular al mundo. La “supresión de un niño considerado “no deseado”  ¿se puede hablar sinceramente de “no deseado”? es una injusticia e implica un trauma que puede marcar de por vida a una mamá que, desgraciadamente aborta, muchas veces presionada por terceros. Por eso lejos de condenarla,  queremos ayudarla y   apoyarla como lo hacen los programas de la Iglesia con las madres adolescentes o con las fundaciones que  apoyan legalmente la adopción de los niños así nacidos”.

Duele que nuestra institucionalidad sea incapaz de resolver deudas históricas

En la parte final de su homilía Mons. Contreras Molina expresó: “Avergüenza contemplar a unos gozando y sacando dividendos de la desgracia ajena, en una lógica de enemigos que creíamos superada. Cuando frente a la injusticia se impone la violencia, termina instalándose una cultura del maltrato y del abuso que como sociedad no podemos tolerar, justificar ni encubrir.  Duele que nuestra institucionalidad sea incapaz de resolver deudas históricas, como la de los pueblos originarios, o dramas permanentes, como la precariedad en la que viven todavía tantas familias y la inseguridad que se cierne como una creciente amenaza. Cuando el maltrato, la denostación y la violencia se apoderan del discurso y de las relaciones, la convivencia adquiere un deterioro progresivo que por momentos nos ha parecido sin retorno”.

 

Fuente: Comunicaciones Obispado de San Felipe



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