Mensaje del pastor en Asamblea Diocesana. Diócesis de San Felipe de Aconcagua.
 


31 de Marzo, 2015
Texto completo del Mensaje de Mons. Cristián Contreras en la Asamblea diocesana 2015.

Hermanos sacerdotes y diáconos.

Hermanas y hermanos en  el Señor. 

Convocados por este pastor, iniciamos el año pastoral reunidos en Asamblea Diocesana. Les agradezco la disponibilidad para participar en esta instancia que fortalece los vínculos de comunión   y de participación en la misión evangelizadora de la iglesia.

La misión evangelizadora de la iglesia obedece al mandato de de Jesús en su evangelio: “Id y haced que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a observar todo lo que les he mandado. (Mt 28,19-20). 

En comunión con el Papa Francisco,  es nuestra misión tomar la iniciativa y salir al encuentro de tantos que esperan una palabra de acogida y comprensión.   Uno de los grandes desafíos  de la misión eclesial  es ir   al encuentro  de Cristo presente en el  rostro  de  los que sufren.  Agradezco infinitamente a tantos hombres y especialmente mujeres que llegan hasta el lecho del enfermo para confortarlo en su dolor.  Cuantos hermanos no dicen con gratitud y cariño: Gracias  a la catequesis familiar,  solucionamos de mejor manera los problemas en nuestro matrimonio. El diálogo nos ha permitido enfrentar las diferencias   e iluminar con mayor objetividad  el futuro de nuestros hijos. En este buzón que llevamos en nuestro corazón, está el dolor de muchas    parejas que desean comulgar y no pueden. Muchas a pesar de ello, comulgan.  Si bien es cierto, nadie se puede meter  en la conciencias del otro,  nos cabe una preocupación. ¿Qué contenidos  doctrinales   y qué metodología usamos  en la entrega de la verdad que libera? El evangelio que proclamamos: ¿está sustentado en la misericordia, en el misterio de la cruz, en el discernimiento evangélico transversalizado por el amor que todo lo renueva? 

La dinámica de salir al encuentro  del otro. 

De acuerdo con las Orientaciones Pastorales de la Iglesia chilena, nuestra diócesis  se proyecta como una iglesia que escucha,  anuncia  y sirve. De allí que hayamos  iniciado el proceso para elaborar nuestras Orientaciones   saliendo a la calle en un intento por conocer, las esperanzas y los temores de la gente. Nos proponemos    llevar a la práctica   un proceso que ilumine las prioridades que deben formar parte de nuestra preocupación evangelizadora y misionera en los próximos años. Queremos   que “la pastoral ordinaria en todas sus instancias sea más expansiva y abierta, que coloque a los agentes pastorales en constante actitud de salida y favorezca así la respuesta positiva de todos aquellos a quienes Jesús regala su amistad” (EG 27).

El proceso que estamos realizando  debe apuntar a las más  urgentes necesidades de nuestra Iglesia. Para lograr este objetivo se hace necesario cultivar un ambiente de oración y  discernimiento. Esta renovación espiritual,    nos debe ampliar el horizonte para salir, como lo dice el Papa Francisco, hacia las periferias sociales, culturales, políticas  económicas y espirituales  que tienen relación directa con el desarrollo integral del ser humano. Con razón nos podemos  asustar ante estos desafíos. Sin embargo,  cuando nos ponemos  en la presencia de  Dios, le damos gracias por su amor infinito,  disfrutamos de de su perdón y de la alegría de  tener una comunidad creyente con la cual vivir la esperanza de una vida mejor. Sin miedo a equivocarme,  creo  que el misionero cristiano, el catequista,  el sacerdote, todos, sin exclusión  necesitamos  abrir de par en par nuestra vida al Señor para sentir su perdón y su misericordia. Ninguno de nosotros entenderá al que necesita misericordia si no la experimenta en su propia vida. 

La  dinámica de salir al encuentro del otro, como pretendemos vivirla de aquí en adelante, no es fácil de practicar. No me refiero   a la metodología de ir casa por casa o de  de escuchar a quien me  quiera hablar. Se trata de ubicarse en un mundo distinto que se nos presenta  como novedad y muchas veces, como un peligro. Lentamente estamos asumiendo conceptos como interculturalidad, ecumenismo, tolerancia, increencia, pluralismo y tantos otros que han llegado para quedarse y que nos vienen a decir, es en esta realidad donde debe resonar con convicción, solidez y testimonio la palabra de Dios que proclamamos. Debemos dar razón de nuestra fe y esta no tiene su fundamento en una explicación intelectual sino en el testimonio de los que creen  en el amor que todo lo transforma. Los cristianos del mañana lo serán por convicción y no por herencia con todas sus virtudes y defectos. El postmodernismo está acabando con la llamada civilización occidental cristiana. Debemos acostumbrarnos a convivir en una sociedad marcada por la diversidad. La voz de la iglesia será importante para los católicos practicantes,  Para la sociedad una voz más en el devenir socio cultural. La voz de Cristo resonará por los siglos en la medida que sea proclamada con convicción, coherencia y testimonio.          

En continuidad y reconocimiento de nuestros pastores y fieles laicos.  

Nuestra iglesia diocesana tiene una historia que nadie puede  desconocer. Han sido 8 los Obispos  que la han acompañado y cientos los sacerdotes que han predicado y celebrado la fe junto a miles de familias que han soñado con ser felices en el aquí y en la vida eterna. Cada uno ha puesto lo mejor de si   de acuerdo a su vocación y ministerio. Son incontables los laicos católicos que no sólo han incursionado en el trabajo pastoral sino que también en el desarrollo espiritual, moral e intelectual de la gente sencilla y generosa de estos valles.   

Los tiempos son otros, y las exigencias también. Sin embargo la verdad que predicamos es la misma de ayer y de siempre. Cristo es el único Señor de la historia. Es el Dios hecho hombre que nos trajo su amor y cariño. Es Jesús de Nazaret, quien entrego su vida  para nuestra salvación y que ahora por el poder de su resurrección anima la   esperanza de los seres humanos  hasta la consumación de los siglos. Es el Espíritu del resucitado quien nos alienta en la necesidad anunciar lo que creemos es lo más hermoso que hemos recibido.  He venido para  que tengan vida y la tengan en abundancia. 

Prioridades que no pueden estar ausentes en nuestras  Orientaciones Pastorales. 

1.-        Pastoral vocacional. 

Para ninguno de nosotros no  deja de ser  preocupante la disminución de las vocaciones al sacerdocio y a la vida religiosa  masculina y  femenina. Junto a esta certeza constatamos el envejecimiento de nuestros sacerdotes, el desgaste de sus fuerzas por el trabajo pastoral y las enfermedades propias de todo ser humano. No podemos omitir el abandono del ministerio de varios hermanos en el ministerio  en estos últimos tiempos y de otras situaciones lamentables de algunos clérigos   y por las cuales han sido juzgados y condenados.  La  disminución de    sacerdotes nos impide abordar de mejor forma el servicio pastoral y la posibilidad de que estos en lo posible no vivan solos.  

Formar un sacerdote lleva años y los costos  son importantes. En la actualidad esta diócesis cuenta con  28 presbíteros, tres  de ellos sin cargo pastoral. Las parroquias son 29. Nuestra gratitud para con todos como así mismo  a los religiosos pasionistas, mercedarios, salesianos y de la Santa Cruz por servir en las parroquias que están bajo su responsabilidad pastoral. 

Los seminaristas diocesanos son 4. Nicolás  que  ingresó  este año y está en el Seminario Pontificio de Santiago cursando el  propedéutico. Aldo,  en Segundo de Filosofía y Diego que terminó la filosofía y está en su año pastoral en la parroquia Inmaculada Concepción de Santa María. A ellos se agrega Enzo Carrasco que también hace su año pastoral en Putaendo y que pronto será instituido  acólito. Si asumimos que la formación sacerdotal no demora menos de ocho a diez años, las perspectivas futuras son preocupantes. El trabajo por el descubrimiento, acompañamiento y formación de nuestros sacerdotes debe ser de  de toda la iglesia y no solo de alguien a quien  el obispo le encomienda este servicio. Es la comunidad parroquial, escolar o juvenil la que debe asumir esta urgencia  pastoral. En cada celebración litúrgica se debe pedir por esta intención. 

2.-        Muy unida a esta prioridad está el trabajo con los jóvenes.           

Cada día se hace más difícil emprender procesos pastorales con los jóvenes. Muchos son los motivos y este no es el momento para detallarlos.  Sin embargo,  me permito señalar como razones, los cambios  que enfrenta la familia, los avances tecnológicos, el poco tiempo que los sacerdotes les  dedican y la falta de líderes.  Sin embargo, no podemos hacer los esfuerzos necesarios dado que estamos ante quienes   constituirán las familias del mañana, los pastores y mujeres consagradas  que necesitamos y los líderes que con espíritu evangélico,  siembren la semillas del reino.   

3.-        La formación de personas. 

Esta prioridad sigue siendo el clamor de toda comunidad eclesial. Todos piden formación, sin embargo al momento de recibirla y la experiencia la tenemos, la inmensa mayoría se excusa por la atención de la familia, por el mucho  trabajo pastoral, por la distribución del tiempo etc. Años atrás  lideré un proyecto formativo de largo alcance y gratuito. Terminó con menos de cien personas.     Sin embargo, la formación espiritual, doctrinal, moral, litúrgica, social  y metodológica no puede estar ausente en la vida personal y pastoral de todo sacerdote y de todo agente pastoral. ¿Se reintentará un proyecto diocesano? ¿Se hará a través de talleres en periodos anuales?, ¿la asumirán las parroquias desde su realidad pero con consistencia espiritual, pastoral y doctrinal? 

4.-        Acompañamiento y preocupación por los más necesitados.           

La preocupación por lo social, no está ubicada en 4ª lugar. Siendo el amor el núcleo central de nuestra fe y estando los más pobres en el corazón de Cristo, no puede ser lo contrario para  la comunidad eclesial. No nos olvidemos que, todos somos pobres y que existen más pobres que nosotros. El rostro del pobre y del indigente es el rostro de Cristo que nos habla desde la discriminación por su orientación sexual. Nos habla desde la celda de una cárcel donde está el privado de libertad cumpliendo una pena y con ello pensando de cómo desquitarse una vez en libertad de una sociedad injusta que lo posterga y relega   al fango de la miseria humana. La Iglesia no puede dejar de sentir con el enfermo llevándole una palabra de aliento y esperanza. De la misma manera debe estar con los adultos que necesitan ser queridos, valorados y dignificados en su vejez.  ¿Como no acompañar a tantos hombres y mujeres que trabajan en forma sacrificada y que  no  siempre son  bien tratados, y  justamente remunerados?  Acaso no   hemos escuchado  quejarse con amargura e indignación a quienes su empleador les dice: Si no te gusta te vas”?  En el corazón de la iglesia deben estar cada día más presente los niños y niñas cadenciados. Aquellos que no han tenido la dicha de contar con una familia y que por ese motivo u otro deben estar en casas de acogida, residencias o en proyectos ambulatorios derivados por los tribunales de familia. Nosotros en nuestra diócesis a través de proyectos financiados por el Sename atendemos a más de 400 niños y jóvenes vulnerados en sus derechos y en su dignidad. 

5.-        La educación de niños y jóvenes. 

La iglesia siente especial gratitud y cariño por todas las comunidades religiosas y laicos que tienen la vocación de formar integralmente a los niños y jóvenes. Hablamos de comunidades educativas abiertas a la cultura y a los cambios sociales desde el evangelio de Jesucristo. ¿Como no acompañar a quienes educan  para la vida desde los principios y valores cristianos procurando formar hombres y mujeres creyentes, con sentido de familia y de  responsabilidad social?  Es nuestro interés fortalecer los vínculos entre la parroquia y el colegio de tal manera que no distraigamos nuestra común tarea de evangelizar a los jóvenes creando instancias paralelas y descortinadas. 

6.-        La educación de la fe. 

Al hablar de educación de la fe, me refiero especialmente a la catequesis familiar, a la formación de jóvenes y adultos para recibir el sacramento de la confirmación y a cuantos se acercan a la iglesia para recibir un sacramento.

Con relación a los catequistas, cada día son menos y los mismos. No es fácil encontrar personas que dispongan de  tiempo y reúnan ciertas condiciones para esta misión eclesial. Reconociendo que la catequesis familiar ha significado un gran aporte evangelizador para las familias,  son  incontables  los niños que no reciben la eucaristía, mientras nosotros seguimos esperando que lleguen  a la parroquia. La experiencia nos dice que el número de niños que continúa en la comunidad eclesial es bajísimo. ¿Tenemos derecho y hasta la obligación de preguntarnos acerca del por qué de esta situación. ¿No será el momento de preguntarnos si la preparación a la vida sacramental  promueve y suscita  un cambio de vida, una identificación con Jesucristo y con la iglesia? ¿ No será el momento de revisar esa estructura?

Es motivo de alegría presidir durante todo el año la confirmación de jóvenes y adultos. Pero, la preocupación es la misma. Estoy cierto que después de dos años, los jóvenes se confirman sin saber usar la Biblia, sin conocer  oraciones fundamentales ni menos estar motivadas por la Doctrina Social de la iglesia.  La catequesis sigue la metodología escolar, es decir, desarrollada dentro de una sala, saliendo raras veces a experimentar la presencia de Cristo en el silencio de un retiro, o la cercanía de los más necesitados. Es decir, una preparación teórica y no testimonial. Los catequistas hacen lo que pueden. Sin pretender ofenderlos creo que no tienen la preparación adecuada y el sacerdote no tiene el tiempo para estructurar un proceso de formación. Cuando escucho el discurso de  un confirmado a  la asamblea  al terminar la celebración de la confirmación, raras  veces les escucho decir. Agradecemos a la iglesia el convocarnos para conocer más a Jesús, su palabra,  su muerte y resurrección. Hacen más bien referencias a las amistades surgidas en  el grupo y la gratitud para con el o  la catequista. Nunca escucho una referencia al párroco y por instancias mías,  al obispo que les ha confirmado. 

7.-        Otras prioridades. 

La misión evangelizadora de la iglesia, no se agota en las prioridades pastorales  presentadas.  Las que Uds. consideren,   serán motivo de discernimiento al momento de redactar el documento definitivo. Sin embargo, todo  puede quedar en simples formulaciones si no tomamos conciencia de la urgencia que tiene el caminar     en un proceso de renovación personal, pastoral y eclesial. Nada puede ser posible   sin esa   renovación y entusiasmo   que nos permita mirar el futuro con esperanza y sin miedo a los problemas del diario vivir. La  iglesia que camina es aquella que está formada por cristianos capaces de salir de si mismos, ajenos a las seguridades que provienen del ejercicio del poder y del tener.

Me importa  abordar  la realidad matrimonial y la familia.  El  Papa Francisco ha convocado a la iglesia para celebrar la XIV Asamblea Ordinaria del Sínodo de los Obispos   sobre  la vocación y misión de la familia en la Iglesia y en el mundo contemporáneo. De hecho estamos aportando a las reflexiones que tendrán los obispos en la XIV Asamblea General Ordinaria después de haber leído el documento que relata las discusiones  del III Sínodo Extraordinario en el 2014.  Sobre la familia tendremos mucho que aportar. 

Queridos hermanos y hermanas. 

Termino  estas reflexiones agradeciéndoles el incansable trabajo que realizan en las distintas comunidades eclesiales. En mi oración a todos los tengo presentes. Pongo como ejemplo a la señora que hace el aseo en la capilla y que la cuida como si fuese su propia casa. A los catequistas y liturgistas que velan por la educación de la fe y   la celebración del misterio cristiano. A  cuantos visitan a  los enfermos,  a los encarcelados, y ancianos y a tantos otros que ejercen el ministerio de la misericordia  junto a la familia que sufre la partida del ser querido. Gracias a los profesores y en especial a los  de religión,  a los laicos que trabajan en las distintas comisiones pastorales y a las secretarias que colaboran en  las parroquias. Una palabra especial para todos los sacerdotes que como pastores guían y acompañan al Pueblo de Dios. A los diáconos que ejercen el ministerio de la caridad y a los seminaristas que se preparan con entusiasmo para ser sacerdotes de acuerdo al corazón de Cristo. Finalmente, en el año de la vida consagrada,  dedico especiales palabras para todos los religiosos y religiosas que  profesan los Consejos Evangélicos. Gracias por vuestra fidelidad, vida común y trabajo misionero en actitud testimonial y profética. 

Les deseo un año grato a los ojos e Dios, de su familia y de su comunidad eclesial. Les felicito por participar junto a sus sacerdotes de la comunión trinitaria sin la cual no se disfruta plenamente de la comunión eclesial. 

Les bendigo en el Señor. 

                                           + Cristián Contreras Molina OdeM.

                                                                    Obispo de San Felipe

 

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